Blog

Los Enemigos de la Hipnosis

Podemos principiar con el evento que unió a la hipnosis con la medicina: la “aparición de Antón Mesmer”. Este médico creía en las fuerzas del universo, particularmente en una que él denominó “Magnetismo Animal”, siendo el centro de su teoría y métodos de trabajo. Según su teoría, él poseía una fuerza de magnetismo animal superior a la de otras personas, la cual podía proyectar o transmitir a personas o cosas. Por ejemplo, si magnetizaba un piano, la música generada también adquiere carga magnética y se transmite a quienes la escuchaban. También podía magnetizar comida, o incluso árboles, de modo que quien estuviera bajo su sombra captaría esa fuerza. De acuerdo con esta teoría, las enfermedades eran causadas por bloqueos en los canales que transportaban el magnetismo por el organismo. Al liberarlos con su magnetismo superior, que actuaba como un “destapacaños” moderno, se restablece el flujo, se equilibra la carga magnética y el cuerpo sanaba. Los pases magnéticos que Mesmer realizaba con sus manos, pasándolas sobre el cuerpo del paciente, producían un estado similar al sueño, aprovechado para dar instrucciones o “sugestiones” que ayudaban a la recuperación. Estos procedimientos atrajeron alumnos y aprendices, pero también comenzaron a utilizarse con fines de entretenimiento. Alegaban estar demostrando el método, y en una época con opciones limitadas de ocio, como conciertos, teatro o bailes, las demostraciones de magnetismo se incorporaron a las tertulias cotidianas. A mediados del siglo XIX, el médico inglés James Braid renombró el método como “hipnosis”. Aunque intentó modificar el término posteriormente, ya no fue posible.

Con el tiempo, la hipnosis se utilizó en teatro y cine, popularizándose más como entretenimiento que como un procedimiento médico. Esto contribuyó a su percepción como un fenómeno místico, donde el hipnotizador supuestamente anula la mente consciente de las personas, haciéndolas comportarse de maneras ridículas bajo sus órdenes. Paralelamente, la hipnosis evolucionó en el campo médico. A inicios del siglo XX, en la Clínica Mayo en Estados Unidos, se realizaron unas 1600 cirugías cardíacas utilizando hipnosis como anestesia, ya que los anestésicos disponibles, como el éter o cloroformo, eran demasiado riesgosos para pacientes con problemas cardíacos.

Entre 1930 y 1980, el Dr. Milton H. Erickson evolucionó significativamente la hipnoterapia. Finalmente, en los años 2000, la Sociedad Médica Norteamericana reconoció la hipnosis como un “procedimiento bien establecido”.

Llegando al punto importante, podemos dividir a los practicantes de la hipnosis en dos tipos: los hipnoterapeutas y los hipnólogos. Los primeros son profesionales de la psicología o la medicina, con grado académico mínimo de licenciatura, y en México incluso existen maestrías en hipnoterapia. Por otro lado, los hipnólogos son personas sin los estudios mencionados, que en ocasiones ni siquiera tienen preparatoria concluida. Hemos encontrado ingenieros, veterinarios, licenciados en mercadotecnia (como John Milton) e incluso un ex conductor de Uber que, tras tomar un par de entrenamientos, se autodenominan hipnólogos, sin conocimientos profundos de los procesos neurológicos y psicológicos involucrados en la terapia.

Una búsqueda simple en YouTube muestra cientos de videos y programas de hipnosis, que prometen entrenar a cualquier persona como hipnoterapeuta. En varios de estos videos se exhiben técnicas del siglo XIX, como tomar a alguien del brazo o de la cabeza, provocando que pierda la conciencia y caiga al suelo. En algunos casos, hay asistentes para evitar lesiones al caer. Estas demostraciones, aunque impactantes, son técnicas primitivas. En una sesión con un hipnoterapeuta profesional, el paciente permanece sentado, con las manos descansando sobre las piernas, relajado, y el terapeuta aplica procedimientos específicos. En ningún momento el paciente cae al suelo, ya que el proceso sigue los estándares de psicoterapia, no del show. La diferencia también se refleja en los resultados: es más probable obtener cambios permanentes con un hipnoterapeuta profesional. Por el contrario, los hipnólogos generan miedo o escepticismo en el público, ya sea por el temor a perder la conciencia de forma abrupta o por someterse a numerosos procedimientos sin resultados.

Finalmente, la percepción de la hipnosis como un espectáculo teatral aleja a muchas personas que podrían beneficiarse de sesiones de hipnoterapia realizadas por profesionales capacitados.

Autor: Psic. Ricardo Figueroa Quiroga. M.Sc.
Director Instituto Milton H. Erickson de Guadalajara.

La Hipnoterapia Clínica y los Trastornos del Sueño

Actualmente, los trastornos del sueño son muy comunes en la vida diaria. A menudo se atribuyen a diversas causas; entre las más frecuentes están las “pantallas”, ya sean celulares, computadoras, tabletas o televisores. Se ha demostrado que la luz emitida por estos dispositivos reduce las concentraciones de melatonina, la conocida hormona del sueño. También se culpa al estrés, el cansancio laboral y los conflictos en las organizaciones, así como a problemas emocionales con otras personas.

Con estos factores, podemos decir que quienes logran dormir las recomendadas 7 u 8 horas ¡somos muy afortunados!

En mi práctica profesional, es raro que los pacientes no mencionen algún problema relacionado con el sueño, independientemente del motivo principal por el que acuden a terapia. Aunque son pocos, algunos buscan específicamente tratar este tipo de dificultades.

Como parte del tratamiento, suelo incluir una prueba para determinar las capacidades de respuesta hipnótica. En esta etapa, procuro que los pacientes alcancen un estado de relajación y tranquilidad mientras se encuentran en trance. Además, les invito a imaginarse acostados en su cama, sintiendo su comodidad, lo que les ayuda a recrear esa sensación de paz que conduce al sueño profundo. También incluyo una sugerencia “casual” para que, si se despiertan durante la noche por alguna necesidad, puedan regresar a la cama, reconectar con esa comodidad y volver a dormirse con facilidad.

En casos relacionados con estrés, ya sea común o postraumático, primero trabajamos para reducir las respuestas físicas y emocionales asociadas. Una vez logrado esto, ayudamos a recuperar la capacidad de dormir profundamente y en tranquilidad.

Un punto crucial a considerar es que dormir es una respuesta involuntaria. La mayoría, al enfrentar insomnio, intenta dormir de manera voluntaria, lo cual generalmente resulta infructuoso. Damos vueltas como tamales en una cazuela, y el sueño no llega. La solución más sencilla es practicar técnicas de relajación o meditación, como Vipassana, y literalmente intentar no dormirse mientras se relajan.

O bien, pueden acudir a consulta con un hipnoterapeuta Ericksoniano.

Autor: Psic. Ricardo Figueroa Quiroga, M.Sc.
Director del Instituto Milton H. Erickson de Guadalajara

Recobrar Memorias Mediante Hipnosis

Una de las ideas más problemáticas en la práctica de la hipnoterapia es la creencia común de que, con la hipnosis, se pueden recuperar memorias olvidadas o “reprimidas”. La explicación popular de las ideas de memorias “reprimidas” se basa en la supuesta existencia de un mecanismo mental automático, el cual se activa en el momento en que una persona está viviendo un evento violento o traumático. Según esta idea, se produce un “olvido” instantáneo que equivale a un “bloqueo” que impide a la persona recordar el evento, como si nunca hubiera ocurrido. También se cree que, mediante procesos de psicoterapia, se puede eliminar esta “represión” o bloqueo, recuperándose completamente la memoria “reprimida” para “arreglarla”. Este principio parte de la premisa de que, mientras la memoria siga “reprimida”, ciertos problemas psicológicos, cuya causa se atribuye a este material “reprimido”, no podrán resolverse.

Hace tiempo, el familiar de un ingeniero a quien yo conocía por una situación laboral, lo trajo conmigo para pedirme ayuda con el propósito de recobrar una memoria traumática. Se trataba de un accidente ocurrido durante un viaje por carretera, en el que hubo una colisión con un camión de transporte de carga. En dicho accidente fallecieron su abuela y un primo, varios familiares resultaron gravemente heridos, y el ingeniero sufrió un traumatismo craneoencefálico que le ocasionó un estado de coma durante varios días. Al salir del coma, no podía recordar nada de lo ocurrido. La petición fue que lo hipnotizara para recobrar la memoria perdida, del accidente.

Gracias a que había impartido en la facultad de Psicología del ITESO la cátedra de “Emoción y Memoria”, sabía que fisiológicamente esa memoria no se había registrado. Las memorias de lo que vivimos en el día primero se almacenan en la llamada memoria de trabajo, que es muy volátil. Algunas de estas memorias pasan a lo que será la memoria a largo plazo, con la cual podemos recordar memorias del pasado.. Lo importante aquí es que las memorias a largo plazo se consolidan a nivel neuronal durante el sueño. Como había estado en un coma fisiológico, no se había producido la consolidación de las memorias relacionadas con el accidente.

Viendo la actitud del familiar y del ingeniero, pensé que, si simplemente me negaba a hipnotizarlo o lo hipnotizaba sin que se recuperara ninguna memoria, probablemente acudirían con otro hipnoterapeuta (o, peor aún, con un “hipnólogo”), lo cual podría generar un problema. Más adelante presentaré información adicional.

Adopté una actitud algo autoritaria y le pregunté al familiar:
—¿Cuál fue el dictamen de la policía de caminos que atendió el siniestro?
La pregunta lo desconcertó, pero rápidamente respondió:
—Que el camión de carga tenía la culpa del accidente.
Pregunté de nuevo:
—¿Y las compañías de seguros?
Respondió:
—Lo mismo, y cubrieron todos los gastos.
Lo miré a los ojos y le dije:
—Entonces, si esto no involucra una situación legal, ¿usted quiere que recobre la memoria para que el resto de su vida se sienta miserable, pensando que podría haberlo evitado?
Se puso pálido y respondió:
—No, de ninguna manera.

Aproveché el momento para explicarles que no había nada que recobrar, ya que no existía ninguna memoria grabada. Les mencioné que podían continuar tranquilamente con sus vidas, pues esas memorias no eran necesarias en absoluto. Vi la expresión de alivio en el rostro del ingeniero y dimos por terminada la sesión.

Este es un ejemplo de lo que puede ocurrir con las memorias de un evento traumático, que, por circunstancias asociadas al mismo, no se grabaron neuronalmente. Un caso diferente ocurre cuando la memoria sí se grabó y produce limitaciones en las conductas cotidianas, como un ataque de ansiedad al tratar de manejar en carretera. Estos episodios suelen activarse por la presencia de uno o varios estímulos que estuvieron presentes en el evento traumático. En estos casos, el trabajo no consiste en recobrar memorias, sino en eliminar las respuestas de ansiedad asociadas al evento traumático.

Memorias de Abuso en la Infancia

Como diría el escritor Rudyard Kipling, “esto ya es otra historia”.

En la década de los noventa, se produjo lo que podríamos llamar una epidemia de casos que involucraban a personas adultas. Estas, durante un “proceso de psicoterapia”, decían haber recobrado memorias de abusos sexuales sufridos en la infancia. Generalmente, estas memorias se atribuían a un adulto, frecuentemente un familiar, o involucraban varios eventos con múltiples personas adultas.

Uno de los casos más dramáticos involucró a todo un kínder, donde trabajaban varios miembros de una familia, quienes fueron encarcelados. Uno de ellos llegó a suicidarse. Más tarde, se confirmó su inocencia, al descubrirse que los “procedimientos psicológicos” utilizados para recobrar esas memorias eran los que en realidad las habían creado.

El desarrollo típico de estos casos consistía en que, durante un proceso terapéutico individual o grupal, mientras la persona abordaba el problema que la había llevado a terapia, de pronto aparecía la imagen de un evento de su infancia. En esa imagen “recordaban” haber sufrido abuso sexual, atribuyendo el hecho al padre, abuelo, tío o a varias personas.

En otro caso igualmente impactante, se acusó al padre, quien era sheriff del condado, y luego las acusaciones se extendieron a todos los trabajadores de la comisaría.

El siguiente paso consistía en una acusación legal, basada únicamente en la declaración del afectado. Aunque no había más evidencia que sus palabras, estas eran tomadas como el principal sustento del caso. Hubo situaciones en que los acusados, a pesar de no recordar los eventos, se declararon culpables y recibieron largas sentencias de cárcel.

En ese tiempo, en la Universidad de Harvard, la doctora Elizabeth F. Loftus (posteriormente galardonada por la Sociedad Psicológica Norteamericana por sus contribuciones) era considerada una experta en estudios sobre la memoria. En algunos juicios, al declarar como representante de la defensa, la fiscalía argumentaba que sus estudios realizados con estudiantes no eran válidos para casos de “la vida real”.

Ante esta situación, Loftus diseñó un experimento con varios cientos de participantes. De todos ellos al 78% se les indujo una memoria falsa con una simple pregunta: “¿Recuerdas cuando te perdiste en un centro comercial?”. Al responder recordar si haberse perdido, no solo lo afirmaban, sino que también añadían detalles de cómo y cuándo había ocurrido, aunque sus familias confirmaban que esto nunca había sucedido. Incluso después de explicarles todo el experimento, el 25% de los participantes seguían jurando que el evento había ocurrido.

Este experimento demostró cómo los procedimientos terapéuticos mal aplicados podían influir en la creación de memorias falsas. En consecuencia, a nivel federal se decretó que en ningún juicio se aceptarían memorias “recuperadas” mediante hipnosis u otros procedimientos similares.

Espero que haya quedado clara la diferencia entre recobrar memorias de eventos como un accidente y “recuperar” memorias “reprimidas”. Si alguna vez se encuentran en un proceso de psicoterapia donde, sin resolver el problema que los llevó a terapia, el terapeuta les dice que podrían estar reprimiendo una memoria traumática que necesitan recuperar, probablemente relacionada con un abuso sexual en la infancia…

¡SALGAN CORRIENDO Y BUSQUEN OTRO TERAPEUTA!

Autor: Psic. Ricardo Figueroa Quiroga, M.Sc.
Director del Instituto Milton H. Erickson de Guadalajara

Integrando Más a la Hipnosis Clínica, Con la Medicina Actual.

Al inicio de este siglo, la Sociedad Médica Norteamericana estableció que la hipnosis es un “procedimiento bien establecido” y, por tanto, un procedimiento médico aprobado. Esta aprobación se aplica al campo de la medicina en general, no únicamente a la salud mental o psiquiatría.

En términos de salud mental, reconocida como una prioridad mundial, las expectativas de que la depresión sería el padecimiento más común a nivel global, fueron superadas tras la pandemia de COVID-19, la cual incrementó casos de crisis de ansiedad y depresión. La hipnosis clínica se posiciona como una herramienta eficiente en terapia breve, ayudando a reducir el consumo de medicamentos y sus efectos secundarios inevitables.

Está fuera de toda duda que la hipnosis activa cambios en el funcionamiento cerebral, reflejados en la fisiología corporal, mejorando estados mentales y físicos que reducen o eliminan síntomas físicos y mentales de ansiedad y depresión. Aunque estos trastornos suelen considerarse “mentales”, están acompañados de respuestas orgánicas importantes. En el caso de la ansiedad, los síntomas incluyen taquicardias, contracciones musculares, temblores y sensación de falta de aire, entre otros 30 síntomas totalmente físicos. En la depresión mayor, las personas tienden a pasar largos períodos acostadas, levantándose únicamente para satisfacer necesidades básicas, como orinar, y regresan a la cama. Comen muy poco o nada, lo que incrementa su debilidad física. Además, limitan actividades sociales y físicas para evitar el típico consejo de “Échale ganas”. Mentalmente, reportan una pérdida del sentido de la vida.

Está comprobado que la hipnoterapia puede eliminar crisis de ansiedad aguda rápidamente. En términos de terapia breve, menos de 12 sesiones suelen ser suficientes, y en algunos casos, menos sesiones. En depresión aguda, el tratamiento combinado con medicamentos y terapia logra resultados positivos en menos sesiones.

Entre los aspectos que más sorprenden a los pacientes están, la sensación y tranquilidad que experimentan al activar la hipnosis. Muchos comentan que no se habían sentido tan tranquilos en mucho tiempo.

La hipnosis también es útil en dolor crónico, tratamientos oncológicos, y para reducir efectos secundarios de dichos tratamientos. Además, ayuda a personas con inseguridades o conflictos interpersonales, permitiéndoles controlarlos más rápido que con otros métodos terapéuticos. Uno de los mayores beneficios de este modelo es su capacidad de combinarse con otros enfoques psicoterapéuticos, potenciando su efectividad.

Autor: Psic. Ricardo Figueroa Quiroga, M.Sc.
Director del Instituto Milton H. Erickson de Guadalajara